jueves, 29 de mayo de 2008

La parte bella

Si este blog me ayudó para algo fue para entender un poco más a mi familia. Para desenterrar de una vez todos esos viejos rencores, sacarlos afuera, dejarlos que se se evaporen. Hoy en día no sé si el tema sigue siendo una bola atascada en mi estómago. Tampoco sé si realmente terminé de digerirlo.

Me encantaría poder cerrar este tema diciendo que comprendí todo. Que ya me siento cómoda con mi familia. Me encantaría poder decirles que todo lo disfuncional ya quedó atrás y que ya todos somos felices. Pero las cosas no son tan sencillas. No sé si mi familia es feliz. No sé si algún día lo será. No sé todavía mucho de felicidad.

Lo que si sé es que ya estoy más tranquila que antes. No sé si podré solucionar algún día los conflictos de mi familia, pero alcancé ese estado de tranquilidad que me permite ver el problema desde otra perspectiva. Hoy me siento con fuerzas para ir enfrentando todo esto de a poco.

Y bueno... siempre les conté lo disfuncional, y nunca lo bello. Quizás los engañé un poco. Quizás lo disfuncional tenía más rating que lo bello. Pero bueno, ya no tiene mucho sentido el rating, así que he aquí la verdad:

Mi abuela me cocina todos los días. Me espera hasta la hora que sea. Espera a cada uno hasta la hora que sea. Prepara una comida especial para cada miembro de la familia. Limpia, lava, plancha, todo. Cuando mi mamá y mi papá se casaron y no tenían a dónde ir, ella les ofreció su casa. Cuando mi mamá tuvo que salir a trabajar porque no alcanzaba con el trabajo de mi papá, mi abuela se encargó de cuidarme. Dejó atrás su trabajo, sus proyectos, nos regaló todo su tiempo a mi hermana y a mí. Lo hizo, lo sigue haciendo.

Mi papá es una de las personas más graciosas que conozco. No importa qué tan cansado llegue, qué tan feo esté el día, él siempre tiene algo divertido que decir. Habría que darle un premio a la paciencia y a la perseverancia. Cada día intenta una y otra vez explicarle a mi abuela cómo se atiende el teléfono, que hay que escuchar las noticias completas, que nuestra comida le hace mal a los poodles... No se desquicia cuando mi mamá dice que todo lo que él ve por televisión es horrible. Creo que es el que menos cosas tiene. Al que menos gustos le dan. Y sin embargo él parece feliz. Parece tener claras las cosas que realmente importan.

Mi hermana es la que nos mantiene a todos unidos. Se esfuerza por entendernos a todos. Es la que saca los temas de conversación. Es la que primero sale a ver qué pasa cuando alguien está mal. Es la que se acuerda de todos los cumpleaños y va a comprar los regalos. Es la única que sigue luchando por llevarse bien con mi abuela. Es la que está ahí, para atender el teléfono, para abrir la puerta, para ir a pagar esa cuenta que venció. Es la que está ahí siempre.

Y mi mamá... Creo que nunca terminó de parirme. Hay veces que siento que sigo ahí, tan adentro de ella. Siento que ella renunciaría a lo que fuese por mi. Ella se desvive por mí, por demostrarme todos los días que soy tan importante para ella. Tiene una fuerza increíble. Es la que enfrenta todos los problemas de la casa. La que paga todo. La que arregla todo. Pasa todos los días 9 horas encerrada en una oficina donde nadie la valora. Vuelve y se dedica a su emprendimiento. Hay días que se queda hasta las 3 de la mañana cociendo y bordando. Y tampoco se pierde sus clases de salsa. Es envidiable la energía que tiene con sus 54 años para hacer todo lo que hace. Para tener el entusiasmo y la cantidad de proyectos que tiene.

Solo puedo decir que, pase lo que pase, y tengan los defectos que tengan, los amo a todos. No tengo nada que reprocharles. No tengo nada de qué quejarme. Realmente nada. Los quiero muchísimo, aunque no sepa muy bien cómo demostrárselo.

Yo soy lo que soy, y crezco todos los días un poquito gracias a este loco grupito de personitas. ¿Quién necesita familias funcionales, bellas, perfectas, equilibradas? ¿Quién crece en esas familias? ¿Quién aprende?

Amo a mi disfuncional familia. Y creo que sin querer, terminé de digerir el tema.

Otra vueltita más

Y bueno, quedaba pendiente mi última definición de amor, y no quiero quedarme con deudas (no vaya a ser que me pongan en una especie de Veraz bloggeril y me embarguen mis cuentas de google. (sí, ok, ya estoy delirando, pero son las 3 de la mañana y este es el tercer post que escribo hoy... sepan comprender...)).

Mi último amor es el más complicado de describir. Porque bueno, es el más fuerte de todos, el más raro de todos y el más reciente de todos. Y al ser tan reciente, no hay mucha historia que contar, porque recién estamos empezando a escribirla.

Supongo que todos ya deben saber a quién me refiero. (Si usted es un lector nuevo, ni se moleste, me estoy yendo, pero gracias por su visita! :D ).

Y bueno, yo pensé que eso de los amores virtuales era todo falso. Pero me enamoré. Y cómo. Al principio me dije a mí misma: "naaa, vive en México..." Pero el amor fue más fuerte. En seguida me dije "¿Y eso qué?". Y bueno, básicamente acá estoy, haciendo todo lo posible para irme a escribir el capítulo más importante de esta historia.

Sin duda esa decisión va a cambiarme la vida. Sin duda voy a querer escribirla. Pero no ahora. No todavía.

Así que solo voy a limitarme a resumir la evolución de mi definición de amor. Al principio solo buscaba enamorarme, de quien fuera, quién dictara el horóscopo, quién dictara el azar. El punto era sólo enamorarse. Después descubrí la atracción física. El foco de atención pasó al hecho de revolcarse. Después descubrí el compromiso. Descubrí el amor propiamente dicho. Los sacrificios, las discusiones, los proyectos. Y hoy, junto con Alexz, vuelvo a descubrir todas esas cosas y una más.

Una cosita que algunos llaman "magia", "química", "conexión"... Una cosita que yo creía que no existía. Pensé que toda la cuestión de las almas gemelas, de que se te revuelva todo cada vez que ves a la otra persona, de ver fueguitos artificiales cuando te dice cariñosamente tu nombre seguido de un "te amo", de entenderse tan bien que pareciera que el otro te lee la mente, ... Pensé que todo eso solamente pasaba en las películas.

Parece que no. A pesar de las restricciones que tiene nuestra relación me siguen moviendo cosas esas letritas del chat. Todos los días veo atrás de ellas algo nuevo. La emoción de aquellos primeros días sigue ahí, intacta. Más fuerte quizás.

Todavía se me anuda la garganta de la desesperación por no poder gritarle que lo amo, la desesperación de no poder abrazarlo. Seguimos riéndonos como el primer día. Seguimos escribiendo exactamente las mismas frases al mismo tiempo. Seguimos adivinando nuestros pensamientos. Seguimos sorprendiéndonos de lo cerca que nos sentimos y de lo lejos que estamos.

Me cuesta creer que después de miles de horas de conexión, (en todos los sentidos de la palabra) esté equivocada. Me cuesta creer que sea todo fantasía. Me cuesta creer que no vale la pena esforzarse por esta relación.

Y bueno, he aquí la última definición que con mis humildes añitos pude armar:

Amor = Tener ganas de amar + tener ganas de revolcarse + tener ganas de crecer + tener visiones compatibles y sentir un tsunami de emociones adentro y estar dispuesto a recorrer millones de kilómetros y dejar lo que sea atrás por la otra persona.

Y bueno, así, con la consecuencia más bonita e importante que tuvo este blog en mi vida, cerramos oootro tema. Ya quedan menos...

Más fastidiosa que nunca

Recuerdo mis primeros pasitos en la blogsfera y me da una especie de nostalgia. Sin duda tuve problemas. No tenía idea de qué era un blog. Había visto alguno, había escuchado alguna cosa sobre ellos. Pero el mundo de la web 2.0 era totalmente ajeno a mí.

No sabía a qué reglas atenerme. Mi primer entrada fue kilométrica. Y aburrida. Por una semana, o más, creo que no tuve un sólo comentario. No sabía cómo hacer para que la gente viniera a mi blog. No encontraba un sólo blog interesante.

Por muuucho tiempo, cada vez que venía a mi blog lo primero que veía era una foto borrosa y verdosa con unas rayas extrañas al costado. No tenía la más mínima idea de cómo toquetear mi plantilla. No sabía que podía corregir la ortografía. No sabía ni cómo acomodar mis párrafos.

Hoy realmente extraño todos esos problemas. Extraño a la chica simple y auténtica que se sentaba todos los días a escribir en su teclado viejo y ruidoso, con su mouse de bolita y su monitor radiactivo.

Antes conocía a cada blogger. Radiografiaba cada blog. No me perdía un sólo paso. Soñaba con conocerlos más. Hoy no tengo ni idea de quién es quién. No me da ni ganas de abrir el messenger.

Al principio no sabía cómo conseguir estadísticas de mi blog. Los primeros días que las tuve miraba el informe todos los días. Analizaba cada numerito. Hoy en día hay tanto dato estúpido acumulado que no me da ni ganas de ponerme a ver.

Tenía las direcciones de los blogs que me habían gustado guardadas en un post en borrador. Y así los visitaba todos los días. Ansiosa esperaba encontrarme algo nuevo. Después aprendí qué eran los feeds.

De a poco fui conociendo cosas que no sabía que existían. Que los lectores de feeds, que los hosts de imágenes, que twitter, que el analytics. Empecé a armarme una especie de rutina que poco a poco se fue volviendo más y más fastidiosa. Más blogs que leer y comentar, más comentarios que leer y contestar, más cosas que revisar.

Todo fue aumentando. Excepto mi entusiasmo. Me volví demasiado "social", demasiado "amable", demasiado "tecnológica", demasiado "divertida".

Yo no soy así.

En aquellas épocas amaba escribir. Sentía la NECESIDAD de hacerlo. Me disculpaba por mis 14 entradas mensuales. Hoy me disculpo por escribir con suerte una vez a la semana.

¿Huele a que se termina el blog? Sí, efectivamente. Se terminó "Lobo con piel de ovejita". Quizás abra otro blog. Pero me hartó este. Me hartó.

No me arrepiento de nada. Crecí mucho con este blog. Conocí personas interesantes, me di cuenta de muchas cosas, bueno, ustedes ya saben. Agradezco que todo se haya dado como se dio. Y bendigo el día que se me ocurrió empezar esto. Pero creo que ya es hora de dar vuelta la página.

Pero no me gusta dejar las cosas a medias. No me gusta escaparme. No quiero irme sin antes "cerrar" bien cada uno de los temas que traté en este blog. Así que voy a publicar una especie de post-conclusión para cada una de mis etiquetas. El anterior fue el primero, éste es el segundo y el resto se van a ir publicando a distintos horarios.

Así que bueno, hasta dentro de un rato!

Mis huellas digitales

Un millón de veces me pregunté: ¿qué es lo que me diferencia del resto?, ¿qué es lo que me hace única e irrepetible?. O sea, ya sé que tengo un código genético único y que eso sumado a mis particulares experiencias de vida me convierten en un individuo singular. Pero, ¿en dónde se manifiesta toda esa singularidad?

La etiqueta "101 indicios de que soy extraterrestre" surgió como la búsqueda de esa respuesta. Me encargué de explorar todas mis excentricidades. Mi particularmente frustrada vida social, mis fobias, mi fantasioso mundo interior paralelo, mis costumbre de hablar con extraños, mis precoces aventuras hot con mis ositos de peluche (por cierto, a pesar de su escasez de comentarios, esa entrada es una de las páginas más visitadas de mi blog).

Pero ninguna de esas me convence. Ninguna de esas me define como Flavia. Y bueno. Pensé y pensé y pensé (ok, lo confieso, no pensé tanto... pero tenía que sonar importante) y concluí que la clave de todo es que:

Amo a los humanos

Sí, tan simple y tan complejo como eso. Pero es así, amo esta tarea que me dieron de ser humanito. Amo a todos los humanitos de alrededor. Me cuesta enojarme con la vida, me cuesta enojarme con la gente, me cuesta enojarme conmigo.

Algunos dicen que soy apática. Otros dicen que soy una nena consentida que no tiene idea de lo negro que puede ser el mundo real. Otros dicen que soy autista. Otros dicen que me reprimo. Y muchos otros simplemente dicen que soy un cubo sin sentimientos.

Quién sabe. Quizás sea cierto. O quizás no es frialdad, ni represión, ni autismo, ni estupidez. Quizás es sólo paz. Solamente la tranquilidad de estar disfrutando a pleno de estar viva, de amar, de pensar y de ir descubriendo día a día qué es esta cosa que llamamos vida.

Creo que voy comprendiendo.

:)

jueves, 22 de mayo de 2008

¿Excusas o ciencia?

Narcisismo, exhibicionismo, promiscuidad, deseos compulsivos de llamar la atención, baja autoestima, ninfomanía, principios morales poco sólidos, falta de creatividad, insatisfacción sexual, coqueteo histérico, degradación personal ...

Hay quienes piensan que las famosas fotos en pelotas que adornan este blog, responden a alguna de las razones mencionadas en el párrafo anterior. Ante tantas injustificadas calumnias, voy a realizar un análisis muy objetivo y formal de los beneficios que puede aportar esta práctica milenaria.

  • Incorporación de una gran variedad de conocimientos y habilidades sobre fotografía y retoques digitales.
  • Incentivo para mantenerse en forma, prolija y arreglada.
  • Canalización de impulsos artísticos.
  • Exploración creativa de las posibilidades que ofrece el cuerpo como medio de expresión.
  • Adquisición de habilidades extra relacionadas con el corte y confección, maquillaje, peinado, y artes plásticas para acompañar las fotos.
  • Aumento sustancial de la autoestima al ver las fotos, las cuáles pueden volver a verse en momentos de depresión, desgano, frustración.
  • El arreglarse y producirse para las fotografías genera un estado placentero de relajación y ayuda a combatir el estrés de la rutina diaria.

Terminada la teoría, pasemos a los trabajos prácticos:

De nada!

sábado, 17 de mayo de 2008

Una loca historia... ¿...amorosa...?

Y bueno, resulta que tenía al chico de los chocolates (más conocido en este blog como "La bola amorfa") en frente. Me dice con aires de superado: "Así que andás diciendo por ahí que yo estoy lindo, ¿cómo es eso?". Y así fue que volvimos a salir.

Y otra vez ni hablé. Por consiguiente, después de unas tres horas de "si", "no", "no sé", "me da lo mismo", "jijiji" y demás, el chico se desquició.

Él: Por ejemplo si te beso no sé mi pegás, si me puteás, si me violás. No te entiendo Flavia. La verdad no sé qué te pasa por la cabeza.

Yo: Ajá. (criii... criiii)

Y entonces él me miró indignado con cara de "Hablar con vos es lo mismo que hablar con un potus". Y ese instante marcaría todo un hito en mi vida.

Me quedé en silencio, observando cómo sufría. Cómo intentaba desesperadamente entenderme. Y me di cuenta de que había millones de cosas que quería decirle y no podía. Entonces comprendí. Vi claramente que tenía un problema.

Le pregunté si tenía mail. Me anotó su dirección mientras me preguntaba si por ahí iba a explicarle todo. Le dije que sí. Me llevó a mi casa. En una tarde revisé y me replanteé toda mi vida. Mis objetivos, mis creencias, mi forma de ver a los demás, mi concepto de mí misma. Todo.

Le escribí un mail detallando todos los traumas y frustaciones que habían estado enterrados durante años y años. Y él estuvo ahí para leerlos. Se ofreció a ayudarme y así fue que empezó todo.

Después siguieron unos 5 meses de descubrimientos, de crecer. Aprendí a querer. A querer en serio. Volví a experimentar esa sensación de seguridad que se tiene al abrazar a alguien. Algo que no sentía desde que era chica. Él me hacía sentir especial. Me decía que no podía creer estar conmigo después de tanto esfuerzo. Me decía que yo estaba hecha a mano para él.

Yo cambié drasticamente. Me relajé. Dejé de estudiar tanto. Nos la pasábamos agarraditos, derrochando amor por cada rincón. Mirando las palomas de la facultad. Riéndonos. Todo muuuuuy bonito.

Hasta que un día me dijo que le parecía que estaba enamorado de su ex novia.

Plop.

Y bueno, ese fue el fin de la etapa onírica. Sin embargo, de alguna forma, logramos superar eso. Superamos muchas cosas en los 4 años que siguieron. Hasta que llegó un punto que no había más nada que superar.

Una noche, mientras escuchaba "I can't take my eyes off of you" con un vaso en la mano que él me pidió que le sostuviera, lo supe. Supe que ya no quería estar con él. Pero no entendía. Anduve una semana ida, tratando de definir qué me pasaba. Callándome todo con la esperanza de que una mañana me levantaría y todo iba a volver a ser como antes. Pero no.

Fue doloroso dejar atrás todos los proyectos. Dejar atrás todas la promesas. Tener que ver su cara de confusión y preocupación y no poder decirle esta vez que todo iba a estar bien. Pero él se merecía estar con alguien que lo amara en serio.

Y yo, yo me merecía estar con alguien que hablara mi mismo idioma.

Y casualmente aparecería alguien que lo hablaba a la perfección. Aunque no precisamente el mismo dialecto...

Y bueno, para terminar esta historia les dejo mi tercera definición de amor:

Amor = Tener ganas de superar los obstáculos y crecer junto con la otra persona

Y todavía falta la mejor definición, así que... ten atentos! :P

miércoles, 14 de mayo de 2008

¿Indecisa yo?

En esa simple semana de marzo de 2003 fue mucho lo que cambió (¿No entiende cuál semana? Vaya y lea esto). Después de haberme pasado la mayor parte de mi adolescencia encerrada haciendo prolijamente mis tareas, acatando las exigencias de mi familia, y viviendo bajo la sombra de otros; por primera vez me rebelaba, me permitía divertirme, me animaba a conocer gente nueva, y todo sola.

Llegué de aquél viaje entusiasmada y llena de esperanzas para el año próximo. Pero elegí un mal año para enamorarme. Ese año empezaba la universidad. Así que mi sed de aventuras se fue apagando entre parciales, finales y toneladas de apuntes.

Cuando mis amigas me preguntaban si no tenía ganas de tener novio yo respondía: "¿Quéeeee? ¿Ooootra obligación más? No... Gracias."

Y muy oportunamente aparece un admirador secreto a regalarme chocolates. De más está decir que no me interesó en lo más mínimo. Pero bueno, salí con él. Después de todo ¿qué tan terrible podía ser?

Fuimos a comer a un lugar que estaba cerca de la facultad. Estuvimos hablando. Bueno en realidad él habló, porque yo no era de hablar mucho. Ok, no era de hablar más bien.

Por suerte él si hablaba. Empezó a hablarme de su vida, me habló sobre sus novias anteriores y lo que parecían ser largas y serias relaciones. Me dijo lo importante que le parecía que la primera relación sexual fuese con amor, y que lo lógico era esperar entre seis meses y un año.

Analicé mi situación. Nunca había tenido ningún tipo de relación seria en mi vida. Ni siquiera mi relación con mis amigas o con mi familia era seria. Soñaba con que mi primera vez fuese un loco y apasionado encuentro en el medio del bosque con un tipo que practicamente ni conocía. Y entonces pensé ¿Qué m***** hago acá?

Me gustaba escucharlo hablar. Pero nada más. Así que cuando me preguntó si quería volver a salir con él le dije: "No creo que vaya a pasar nada, así que yo preferiría que no". Y así quedó todo.

Pasaron los meses, empezaba a asomar la primavera y en una aburrida clase de filosofía, miro por la ventana y veo a alguien interesante.

Yo: -Mirá que bueno que está ese tipo.

Yo misma: -Mmmm, ¿ese no es el pobre boludo que te mandó chocolates y vos le dijiste que no lo querías ver más?

Yo: -Ahhh, sí, pero ahora se cortó el pelo.

Yo misma: -Puta indecisa.

Yo: -Que a mí no me decís puta! Vos sos la puta!

Y bueno, como ya saben, a mis múltiples personalidades les encanta discutir sobre quién es más puta. Pero ese no es el punto. El punto es que el chico de los chocolates ahora me gustaba, pero no daba para ir a decirle. No me iba a tomar en serio. Una amiga me preguntó qué había pasado con él. Yo le conté y cerré la conversación con un muy poco inteligente: "Se cortó el pelo. Ahora ta lindo."

Mi universidad es muuuy chica. Así que en menos de medio segundo ya le había llegado el chisme al susodicho. Y ahí lo tenía, enfrente mío exigiendo explicaciones.

Entonces la tercera definición de amor sería:

Amor = Buen corte de pelo

Jajaja. No. La historia recién empezaba. Y mis historias amorosas empezaban a complicarse y enredarse. Pero ya se extendió mucho el post. Así que les debo la tercera definición para la próxima.

Y como siempre: Estén atentos... jajaja.

jueves, 8 de mayo de 2008

Juguemos en el bosque

Esta es la continuación de mi loca historia amorosa. Para los nuevos y vagos, o para los viejos y amnésicos y vagos, un breve resumen: Mi primer amor fue un compañerito de primaria del cuál me enamoré porque así me dijeron unas cartas españolas amarillentas y rotosas compradas en un todo por dos pesos.

Pasemos entonces al segundo. Pasados dos años de amar infructuosamente a mi primer amor, me aburrí. Y se me antojó que quería volver a enamorarme, pero de otro. Justo estaba en mi último año de primaria y estaban por empezar los cursos de ingreso al secundario. ¿Qué mejor oportunidad de conocer a mi gran amor que esa? Así fue como el primer día que fui a esos cursos me enamoré de la primer cara bonita que vi.

Se llamaba Jonathan (ni idea cómo se escribe). Y bueno... eeste. De Jonathan todo lo que supe fue que era bonito. Y que se llamaba Jonathan. No me duró mucho el amor. Así que podríamos pasarlo de largo.

Pasó el tiempo, empecé el secundario, tuve millones de compañeritos nuevos. Con ellos fui construyendo una muy hermosa amistad. Siempre me decían cosas re lindas y cariñosas como "Dame 10 centavos que tengo hambre", "Pasame la 3", "¿Tenés fotos de tu hermana en bikini?", "¿Puedo estar con vos en el trabajo de historia?" (léase como: "¿Me hacés el trabajo de historia?"), y etcétera, etcétera...

Entre mis compañeritos tiernos, y mi tan romántico primer beso, las ideas de encontrar a mi príncipe azul se me fueron esfumando. Empecé a pensar que los hombres sólo querrían manosearme un rato. Y bueno, a algunos los dejé.

Besar a otros se convirtió en una cosa mecánica y aburrida. No me suponía ningún esfuerzo, pero tampoco me emocionaba. Hasta que apareció uno con el que sí quise jugar.

Lo conocí en un viaje. Era diferente al resto. Siempre callado y tranquilo. Siempre sonriendo. Me obsesioné. Las cosas que siempre me habían parecido desagradables y perversas, con él me las imaginaba tan bonitas...

Durante la semana que duró mi viaje nunca le hablé. Me limité a imaginar y desearlo secretamente. Volví a mi ciudad y me olvidé. Al año siguiente volví al mismo lugar. E instantáneamente, cuando lo volví a ver, me volví a enamorar.

Si antes había sido tranquilo y calladito, ahora era todo lo contrario. Todo el tiempo saltando y cantando y proponiendo cosas. Y el resultado fue que me enamoré todavía más.

Fue una de las mejores semanas de mi vida. Ni siquiera comía. Lo único que pensaba era en él. Sólo quería verlo. Pero nunca pude decirle nada de lo que me pasaba. Cada vez que me hablaba o se acercaba yo me bloqueaba y no podía más que reírme como estúpida.

Y uno de los últimos días me besó jugando en un jacuzzi. Fueron solamente cinco segundos. Fue todo tan rápido que ni lo pude disfrutar. Lo único que me acuerdo es que fue un beso de esos fuertes, que te dejan los labios como dormidos después. Y eso fue todo.

Después de eso todo siguió como si nada. Volví a mi casa completamente obsesionada. Durante dos meses me la pasé oliendo una gomita de pelo que encontramos esa tarde del jacuzzi y que yo me había guardado. Mientras, rogaba que me escribiera o algo.

Estaba decidida a que el año siguiente lo conquistaría de alguna forma. Sin embargo, alguien iba a interponerse en mis planes.

Y bueno, para cerrar mi segunda definición de amor:

Amor = Tener ganas de revolcarse en el bosque

Y eso es todo por hoy. Estén atentos que falta poco para el final.

jueves, 1 de mayo de 2008

Hay cosas que no cambian

Y otras que sí.

Bueno, Alex me dijo hace unos días que iba a hacer algo en su blog, y que luego yo tendría que hacer lo mismo. Me dijo: "¿Te comprometes a hacerlo aunque no sepas qué es?". Y yo " eeeem... (glup) ooook... (glup glup) Acepto."

Y... resultó que era simplemente esto.

Yo pequeñita e inocente:

Yo grandota y pelotuda:

Bueno, espero que les guste y que se sumen. Y como era tan bonita de pequeña les dejo algunas fotos extra para que se entretengan.

***Muy pronto: la continuación de mi loca historia amorosa.***